Tomé anticonceptivos durante casi un año y medio porque era irregular. Y esos 18 meses fueron MUY oscuros para mí. Lloraba, estaba angustiada, deprimida y no entendía bien qué me pasaba.
Tenía una alarma para tomar la pastilla que odiaba. Más de una vez me hacía la tonta y no la escuchaba. Sentía que tenía una especie de rectángulo negro frente a mis ojos, como si algo no me dejara ver lo que realmente pasaba.
Con el tiempo entendí que no me estaba sintiendo yo. Mi cuerpo, mis hormonas, mi ciclicidad.
Dejé los anticonceptivos (fue de un día para el otro) y empecé a buscar otra manera de entender qué estaba pasando con mi cuerpo. Escuché muchísimas opiniones, miedos y pronósticos sobre lo que podía pasar (entre ellos cáncer y prolapso uterino + esterilidad). Pero hice algo distinto: me escuché.
Y así llegué al mundo de las plantas medicinales.
Empecé de a poco siguiendo una rueda de plantas. Caléndula (amarga), aguaribay (desparasitante), poleo (tónica uterina), ortiga (depuradora); cada una llegó en un momento diferente y cada una me dejó algo. Viajé a Mendoza, Córdoba, San Luis y por distintos pueblos de Buenos Aires y formé parte de retiros de mujeres donde muchas compartíamos nuestras ganas de sanar realmente.
Probé la medicina de estas y de muchas otras plantas, pero también aprendí algo fundamental: no todas las plantas son para todos, ni funcionan de la misma manera en todos los cuerpos. Conocerlas también es aprender a observar, respetar los tiempos y escuchar lo que el cuerpo necesita.
Antes de que llegara Clara, mis ciclos se habían regularizado y había recuperado algo que para mí era enorme: mi Luna, mi menstruación y mi ciclicidad femenina.
Para ese momento ya venía estudiando plantas medicinales, y todo ese recorrido terminó llevándome también a formarme como terapeuta menstrual.
Hoy tengo un espacio de encuentros 1:1 con mujeres donde buscamos entender qué hay detrás de aquello que el cuerpo está manifestando.
No se trata solamente de “sacar” un síntoma, sino de preguntarnos por qué está ahí, conocer nuestro ciclo y aprender a escucharnos un poco más.
Siempre desde una mirada cíclica y con las plantas como posibles compañeras del proceso, entendiendo que cada mujer, cada cuerpo y cada historia son diferentes.
Si querés que charlemos sobre lo que te pasa, podés escribirme y agendar un encuentro virtual. En este link vas a encontrar más info sobre cómo trabajo. Cada espacio para mí es sagrado y le dedico muchísimo tiempo y amor a cada consultante.