Las mujeres somos cíclicas. Y cuando hablamos de ciclicidad no hablamos solamente de menstruar una vez por mes. Durante todo el ciclo hay un movimiento hormonal constante que genera cambios reales en nuestro cuerpo.
Estrógeno, progesterona, FSH y LH van subiendo y bajando, preparando al cuerpo para ovular, menstruar y volver a empezar. Y esos movimientos pueden sentirse: en nuestra energía, el hambre, el sueño, el deseo sexual, el flujo vaginal, la temperatura corporal, la concentración e incluso en cómo queremos vincularnos con los demás.
Por eso, entender nuestro ciclo también es una forma de entender qué está haciendo nuestro cuerpo durante todo el mes.
¿Cuándo empieza realmente un ciclo?
El día 1 del ciclo es el primer día de menstruación. Desde ahí contamos hasta el día anterior a la siguiente menstruación.
Muchas veces escuchamos hablar del famoso “ciclo de 28 días”, pero no todas tenemos ciclos de exactamente 28 días. Incluso en una misma mujer puede haber variaciones de un mes a otro.
Dentro de ese ciclo podemos reconocer cuatro grandes momentos: menstruación, fase folicular, ovulación y fase lútea.
Y detrás de cada uno hay un verdadero baile hormonal.
Menstruación · volver hacia adentro
Empieza el día 1 del ciclo.
Si no hubo embarazo, el cuerpo lúteo deja de producir progesterona y también disminuyen los niveles de estrógeno. Esa caída hormonal hace que el endometrio —el tejido que se había preparado dentro del útero— se desprenda. Y menstruamos.
En estos primeros días, estrógeno y progesterona están relativamente bajos.
Podemos sentir menos energía, mayor necesidad de descanso, sensibilidad, molestias o simplemente más ganas de estar tranquilas. Pero esto es muy personal: no todas vivimos la menstruación de la misma manera.
Mientras menstruamos, nuestro cerebro ya está empezando un ciclo nuevo. La hipófisis comienza a liberar FSH (hormona foliculoestimulante), que estimula en los ovarios el desarrollo de nuevos folículos.
Es decir: mientras algo termina, el siguiente ciclo ya está comenzando.
Fase folicular · algo empieza a despertar
Después de los primeros días del ciclo, algunos folículos comienzan a desarrollarse y finalmente uno suele convertirse en el folículo dominante.
Ese folículo produce cada vez más estradiol, el principal estrógeno durante los años reproductivos.
A medida que aumenta el estrógeno, el endometrio comienza nuevamente a crecer y prepararse. También empieza a modificarse el moco cervical: acercándonos a la ovulación suele volverse más húmedo, transparente y elástico.
Muchas mujeres percibimos esta etapa como una especie de “salida hacia afuera”: puede aumentar la energía, la motivación, la sociabilidad o las ganas de hacer cosas.
No es una regla ni tenemos que sentirnos de determinada manera. La idea de conocer el ciclo no es meternos en otra estructura, sino aprender a reconocer nuestro propio patrón.
Ovulación · el gran momento del ciclo
Cuando el estrógeno se mantiene elevado durante determinado tiempo, se produce una señal en el cerebro que desencadena un aumento brusco de LH (hormona luteinizante).
Es lo que conocemos como pico de LH.
Ese pico provoca que el folículo dominante libere el óvulo: ovulamos.
La ovulación no necesariamente ocurre el día 14. Eso es solamente una referencia basada en un ciclo teórico de 28 días. El momento puede cambiar entre mujeres e incluso entre ciclos.
Alrededor de estos días podemos observar uno de los signos corporales más interesantes: el moco cervical fértil, que suele ser más abundante, transparente, resbaladizo y elástico, muchas veces comparado con la clara de huevo.
En algunas mujeres también aumenta el deseo sexual y puede haber cambios en la energía o el estado de ánimo.
Después de liberar el óvulo, el folículo que quedó en el ovario se transforma en algo llamado cuerpo lúteo.
Y ahí empieza otra etapa.
Fase lútea · aparece la progesterona
Después de ovular, el cuerpo lúteo comienza a producir principalmente progesterona, además de cierta cantidad de estrógeno.
La progesterona tiene una función fundamental: preparar y mantener el endometrio ante la posibilidad de un embarazo.
También provoca un pequeño aumento de nuestra temperatura corporal basal. Por eso registrar la temperatura al despertarnos puede ayudarnos a reconocer, retrospectivamente, que ocurrió la ovulación.
Durante la primera parte de esta fase podemos sentirnos perfectamente bien. A medida que nos acercamos a la menstruación, algunas mujeres empiezan a notar más cansancio, cambios de apetito, sensibilidad mamaria, hinchazón, irritabilidad o cambios emocionales.
Si no hay embarazo, el cuerpo lúteo finalmente se degrada y progesterona y estrógeno caen.
Esa caída hormonal vuelve a desencadenar la menstruación.
Y el círculo comienza nuevamente.
Entonces… ¿qué hacen nuestras hormonas?
Podemos imaginarlo de una manera bastante simple:
FSH → ayuda a estimular el crecimiento de los folículos en el ovario.
Estrógeno → aumenta principalmente durante la fase folicular y participa, entre muchísimas otras funciones, en el crecimiento del endometrio.
LH → su gran pico desencadena la ovulación.
Progesterona → aumenta después de ovular y prepara el endometrio para un posible embarazo.
Ninguna trabaja sola. El ciclo menstrual depende de una comunicación constante entre cerebro, hipófisis, ovarios y útero.
Por eso nuestro ciclo tampoco está completamente aislado del resto de nuestra vida. El estrés intenso, la alimentación insuficiente, cambios importantes de peso, determinadas enfermedades, algunos medicamentos, el ejercicio excesivo o diferentes etapas vitales pueden modificarlo.